Islam in bible prophecy
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Henri Boulad: "Los ataques contra los cristianos coptos el Domingo de Ramos: Yo acuso al Islam"

Publicado por la informacion Dreuz, 19 de abril de 2017
Escrito por Henri Boulad, S.J. Alejandría, Egipto, Domingo de Pascua, 16 de abril de 2017.


Egipto: Al día siguiente de los ataques sangrientos contra los cristianos coptos que celebraban el Domingo de Ramos, 9 de abril de 2017...

Yo acuso al Islam...

Acuso al Islam de ser la causa de esta barbarie y de todos los actos de violencia cometidos en nombre de la fe musulmana.

No acuso a los musulmanes que son en mayoría pacíficos, benevolentes y amistosos, sino al Islam como ideología política. Tengo entre los musulmanes – que son nuestros hermanos en la humanidad – muchos amigos fieles e irreprochables, deseando ellos mismos un Islam humanista y pacificado. Numerosos musulmanes – y ex musulmanes – no son responsables de esta barbarie hecha en nombre de Dios. Entonces no es a ellos que acuso aquí…sino al Islam como tal.

No acuso tampoco a los terroristas o al terrorismo. No acuso únicamente a los Hermanos Musulmanes ni a la nebulosa de grupúsculos que gravita alrededor de esta hermandad yihadista, violenta y totalitaria. No acuso exclusivamente al islamismo o al Islam político y radical.

Acuso simplemente al Islam, que por naturaleza es a la vez político y radical. Como ya escribí hace más de veinticinco años, el islamismo es el Islam al descubierto, con toda su lógica y su rigor. Está presente en el Islam como el pollito en el huevo, como el fruto en la flor, como el árbol en la semilla. Es portador de un proyecto social destinado a establecer un califato mundial fundado en la charía, la única ley legítima por divina. Se trata de un proyecto global y globalizante, total, totalizador, totalitario.

El Islam es a la vez religión, estado y sociedad, Din wa Dawla. Así ha sido desde sus más remotos orígenes.

Con el paso de La Meca a La Medina (la Hégira) el Islam pasa del estatuto de religión al de Estado teocrático. Fue también el momento en el que Mahoma dejó de ser un simple líder religioso para convertirse en un jefe de guerra, jefe de Estado y líder político.

Religión y política estarán desde entonces indisolublemente unidas: "El Islam es político o no es nada." (Imam Jomeini Rouhollah).

Acuso de mentira deliberada a los que pretenden que las atrocidades cometidas por los musulmanes "no tienen nada que ver con el Islam”. Sin embargo, es en el nombre del Corán y de sus claros mandatos que estos crímenes son perpetrados.

El solo hecho de que la llamada a la oración y la incitación a asesinar a los infieles estén precedidos por el mismo grito, o Alá-ou Akbar (Dios es grande) es altamente significativo.

Acuso a los eruditos musulmanes del siglo X de haber promulgado decretos – convertidos en irreversibles – que condujeron al Islam al callejón sin salida de hoy en día.

El primero de estos decretos – el del abrogante y el abrogado – consistió en dar primacía a los versículos de La Medina, portadores de violencia y de intolerancia, en detrimento de los versículos de La Meca invitando a la paz y a la concordia.

Para hacer este veredicto irreversible, se promulgaron otros dos decretos: el que declara el Corán "palabra increada de Alá", por consiguiente inmutable; y el que prohíbe todo intento posterior de interpretación, declarando que "la puerta del iytihad [esfuerzo de reflexión] está definitivamente cerrada". La sacralización de estas decisiones ha fosilizado el pensamiento musulmán y ha contribuido a mantener los países islámicos en un estado de atraso y de estancamiento crónicos.

Acuso al Islam de haberse encerrado en un dogmatismo del que no puede salir. Atrapado en sus propias trampas de resentimientos, hace a toda la humanidad responsable de sus propios fracasos en una empresa de victimización y de autojustificación.

Acuso a Al-Azhar, supuesta de encarnar el Islam moderado, de alimentar un espíritu de fanatismo, de intolerancia y de odio entre millones de estudiantes e imanes que vienen de todo el mundo a formarse junto a sus instituciones. Se convierte así en una de las principales fuentes de terrorismo en el mundo.

Acuso a Al-Azhar por su rechazo sistemático de reformar sus programas y libros de texto escolares y universitarios. A pesar de las reiteradas peticiones del presidente egipcio Al-Sissi, de eliminar todos los textos que incitan al odio, a la violencia y a la discriminación, nada se ha llevado a cabo todavía.

Acuso a Al-Azhar por su rechazo en condenar al Estado islámico/Daesh y al islamismo de los Salafistas/Wahhabítas, prueba de una verdadera proximidad con el terrorismo.

Acuso al gran Imán de Al-Azhar, el jeque Ahmed el-Tayeb, a pesar de varios años de estudio en París y una tesis de doctorado sostenida en la Sorbona, de persistir en seguir la corriente oscurantista y medieval. Mientras se esperaba de su parte la promoción de un pensamiento innovador en esta venerable institución, restableció por el contrario los textos que incitan a la violencia y a la intolerancia en los manuales escolares y universitarios de las instituciones de Al-Azhar que, sin embargo, habían sido suprimidos por su predecesor el jeque Mohammed Tantawi.

Acuso a Al-Azhar de no llamar a los "nuevos pensadores musulmanes” de Oriente y de Occidente a fin de iniciar con ellos una profunda reforma del Islam.

Acuso a las principales naciones occidentales, que mientras pretenden defender los valores de libertad, democracia y derechos humanos colaboran activamente con el Islam fundamentalista por viles intereses económicos y financieros.

Acuso al Occidente de haber inventado con los islamistas la noción mentirosa de islamofobia para silenciar toda crítica del Islam.

Acuso a algunos líderes europeos de ceder a las reivindicaciones liberticidas de un Islam cada vez más exigente y agresivo, cuyo objetivo claramente proclamado es la conquista pura y simple del Occidente. Estos líderes traicionan así a sus pueblos y malvenden su herencia histórica. En nombre de una ideología multiculturalista, de una salvaje globalización y de una apertura en todas las direcciones, contribuyen al colapso de un prestigioso pasado de cultura y civilización.

Acuso al laxismo de una cierta izquierda liberal incapaz en Francia de imponer las leyes de la República a una minoría que niega cualquier tipo de integración. Los líderes, que se venden por interés electoral a suburbios explosivos, participaron en la degradación social de los “barrios perdidos de la República" en nombre de una "paz civil", que es sólo la capitulación del Estado.

Acuso a la Iglesia católica de continuar con el Islam un "diálogo" basado en la complacencia, los compromisos y la duplicidad. Después de más de cincuenta años de iniciativas unilaterales, tales monólogos están hoy en punto muerto. Al ceder a lo "políticamente correcto" y bajo pretexto de no ofender al interlocutor musulmán en nombre de "vivir juntos", se evitan cuidadosamente las cuestiones espinosas y vitales. Todo verdadero diálogo comienza con la verdad.

Acuso a los grandes medios de comunicación de manipulación y de mentira por una lectura sesgada de la realidad, proporcionando cifras tendenciosas, estadísticas falsas y "sondeos" trucados. Esta desinformación sistemática pisotea la deontología y la ética más elementales en beneficio de grandes grupos financieros que los subvencionan y dictan sus líneas editoriales.

En lugar de indignarnos por actos terroristas cada vez más frecuentes, ya es hora de enfrentarse a la realidad real y de atrevernos a decir las verdaderas palabras. Es hora de reconsiderar el problema del Islam sin rodeos, sin miedo y sin complacencia. La palabrería y el relativismo sólo llevan a lo peor. Los Estados occidentales tienen la obligación legal y moral de preservar su integridad territorial, su estilo de vida, su cultura y sus valores frente a un Islam conquistador y fundamentalmente hostil a la civilización occidental.

Que los musulmanes, que no se reconocen en este desencadenamiento de odio y de violencia, se enfrenten sin negación ni evasivas a sí mismos, a sus textos fundadores, a su historia y a su trágica situación en el mundo de hoy. En lugar de tratar de promover un diálogo entre el Islam y el Cristianismo, o entre el Islam y el Occidente, es urgente promover un diálogo y reformas intra-islámicas. Que los musulmanes reconozcan por fin que su problema es endógeno, y tengan el valor de abordarlo con toda lucidez y humildad cesando de velarse la cara.

Es hora de superar las divisiones de izquierdas y derechas, de progresistas y conservadores, de socialistas y demócratas, de republicanos y liberales, de judeocristianos y musulmanes, para encontrar entre todos los humanos una base común de valores y principios. Y no conozco más que la Carta Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU en 1948, que todos los países árabes y musulmanes se negaron a firmar en su totalidad.

Es el momento de colocar al Hombre en el centro del debate, en una búsqueda común de la verdad. Pues “si verdad y amistad nos resultan igualmente queridas, es un deber sagrado darle preferencia a la verdad”. (Aristóteles, Ética a Nicómaco, I, 4, 1096 a, 13)

Sólo una verdadera confrontación con la realidad permitirá que "el amor y la verdad se encuentren... que la justicia y la paz se besen". (Sal 85:11)

Reproducción autorizada con la mención siguiente: © Henri Boulad, S.J. Alejandría, Egipto, Domingo de Pascua, 16 de abril de 2017. (Texto revisado y editado por François Sweydan) para Dreuz.info.



    

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